El programa es ejecutado por la Cámara de Industrias del Uruguay (CIU), a través de su iniciativa Impulsa Industria / Impulsa Verde, en alianza con el Ministerio de Ambiente de Uruguay y con la participación del Global Water Partnership Sudamérica (GWP Sudamérica) en lo referido a la Huella de Agua. La iniciativa cuenta con el financiamiento de INEFOP, Global Gateway y AL-INVEST Verde (Unión Europea).
Esta actividad tuvo como objetivo reconocer el compromiso del sector empresarial en la gestión responsable de los recursos naturales y en la incorporación de prácticas sostenibles que contribuyen a la construcción de sociedades más resilientes.
En su intervención, la Coordinadora Regional de GWP Sudamérica, Alejandra Mujica, destacó la importancia de este hito, coincidente con la Semana Mundial del Agua. Recordó que el trabajo en huella hídrica se inició en 2021 mediante una alianza con la CIU, liderada por la Directora Ec. Carola Saavedra, a través del proyecto piloto Buenas Prácticas Azules. Esta iniciativa buscó promover la economía circular y el uso eficiente del agua en pequeñas y medianas empresas del sector industrial de Uruguay.
El proyecto también propició un entorno de cooperación regional, con intercambios técnicos y aprendizajes compartidos, particularmente con el programa Certificado Azul de la Autoridad Nacional del Agua del Perú. En ese marco se desarrollaron herramientas metodológicas, se impulsaron diálogos técnicos y se capacitó a consultores especializados. La CIU continuó con esta labor, que hoy se consolida con la entrega de certificados a las empresas participantes.
Para GWP Sudamérica, la experiencia en huella hídrica se enmarca en el paradigma “cada gota cuenta”, en un contexto en el que el uso eficiente del agua se posiciona como un factor de competitividad en los mercados internacionales.
La incorporación del sector privado en la medición de huellas hídricas y de carbono constituye un paso esencial hacia la gestión sostenible de los recursos. Al adoptar prácticas responsables, las empresas no solo contribuyen a la protección del agua como bien común, sino que también fomentan la innovación, la eficiencia y la competitividad en sus procesos productivos. Este compromiso demuestra que la sostenibilidad y la resiliencia solo pueden alcanzarse mediante la acción conjunta de gobiernos, sociedad civil y sector empresarial.